La historia de la Iglesia de la Annunziata

La historia de nuestra iglesia va de la mano de la del hospital cercano, conocido como San Giovanni di Dio. Este fue fundado en 1183 por el canciller del reino Matteo D’Aiello, quien obtuvo de su hijo Nicola la iglesia de San Giovanni en Busanola (cerca del arroyo Fusandola) para construir un hospital que atendiera a los más pobres de la ciudad. En 1309, el hospital recibió el nombre de Hospitale S.Iohannis de Jerusalem.

La elección de esta zona se debió tanto a la proximidad del agua, útil para las necesidades de los enfermos, como a la cercana iglesia de la Annunziata, que se encargaría tanto de la atención médica como espiritual de los enfermos, junto con los Hospitalarios de San Juan, más tarde llamados Caballeros de Rodas y luego Caballeros de Malta, a quienes se confió la estructura.

La primera mención del epígrafe “Annunziata” de la iglesia data de 1372, en un legado testamentario para un “hospitalarius Sanctae Mariae Adnunciatae”. Ciertamente no se refiere a este edificio, sino a la antigua iglesia, situada quizás donde ahora se encuentra el antiguo cuartel, que alberga la Oficina de Extranjería de la Jefatura de Policía. La nueva iglesia fue erigida a finales del siglo XV por voluntad y patrocinio de la Universitas y gracias a las donaciones de tierras y feudos realizadas por la reina Margarita de Durazzo, madre del rey de Nápoles Ladislao.

stos últimos se destinaron a la construcción de una sacristía, a la creación de un jardín y de un camino para facilitar el acceso al Hospital, y a seguir atendiendo las necesidades que requería el cuidado de los enfermos y de los huérfanos alojados en el orfanato, también acogido por el Hospital. Cuidados que la iglesia ofreció hasta 1614, cuando los religiosos de la Orden de San Juan de Dios fueron llamados para gestionar el Hospital.

Como ya se ha dicho, la Universitas salernitana contaba con el patrocinio de la iglesia, que ya en el siglo XVI se había convertido en “ricettizia”, es decir, un tipo de institución moral, puesta bajo el patrocinio del municipio, que había querido que se construyera precisamente para apoyar al hospital cercano. Tras la llegada de los Fatebenefratelli, los sacerdotes de la Annunziata siguieron celebrando misas, consolando a los enfermos, administrando el óleo santo y bautizando a los huérfanos del orfanato.

En la segunda mitad del siglo XVIII, se introdujo el título de Annunziata Maggiore, para distinguirla de la Annunziata Minore, anexa al Conservatorio, hoy conocida como Annunziatella. En 1807, el alcalde de la ciudad reiteró en una notificación que la iglesia era patrocinada por la ciudad, de nuevo para actividades relacionadas con el hospital. En 1854, el obispo Marino Paglia trasladó aquí la sede parroquial de Santa Trofimena.

Como ocurría con tantos monumentos de Salerno, la iglesia del siglo XV se encontraba al menos dos o tres metros más abajo. Esto se debe a la naturaleza orográfica de la ciudad, que provocó numerosas inundaciones, incendios y terremotos, con el resultado de destrucciones devastadoras que hicieron que la ciudad creciera sobre sí misma y que se construyeran edificios sobre los derruidos: es lo que ocurrió con S. Pietro a Corte, S. Andrea y S. Maria de Lama, S. Giorgio, la iglesia del Crucifijo.

También en este caso, la disposición original está por debajo de nosotros, tenía una planta orientada de la misma manera, pero diferente, en parte incorporada por los edificios adyacentes. La excavación arqueológica reveló que la iglesia estaba adosada a los muros limítrofes que discurrían por el lado izquierdo y a una de las torres, en una segunda fase incorporada a la propia iglesia. La excavación también reveló los pobres materiales con los que se había construido, precisamente porque todos los recursos se dedicaban al cuidado del hospital. Se encontraron restos de pintura al fresco, con la que se pretendía imitar una pared de mármol. Durante los trabajos se encontraron vestigios del altar, elevado unos escalones por encima de la nave; junto a él, como para subrayar la estrecha relación con la finalidad del hospital, dedicado, como ya se ha dicho, a los más pobres, se hallaron un osario y una placa gótijca en la que se lee: Hoc sepulcrum est pauperum.

No sabemos con exactitud cuándo se construyó la iglesia en su nivel actual; ciertamente, un acta notarial de 1636 menciona su reconstrucción tras una fuerte inundación. A lo largo de los siglos se realizaron importantes obras, pero las que dieron al monumento su aspecto actual se llevaron a cabo en el transcurso del siglo XVIII. Fue el periodo en que muchas de las iglesias de Salerno se enriquecieron con valiosas obras de arte, importantes intervenciones arquitectónicas que dieron lugar a ricas instalaciones decorativas, todo ello gracias al trabajo de los más famosos arquitectos, escultores y yeseros napolitanos. La razón de tanta efervescencia quizá se deba a su presencia en la ciudad, llamados por la Curia de Salerno para salvar la catedral de San Matteo, que corría peligro de derrumbarse tras el terrible terremoto de finales del siglo XVII. Fue la ocasión de aprovechar su presencia para encargar muchas de las bellas obras que admiramos en los monumentos de la ciudad, como la escalera del convento de San Giorgio, los suntuosos altares de las iglesias de SS. Salvatore, San Pietro in Vinculis, etc. La Annunziata también se benefició de estas presencias, encargando al célebre arquitecto Ferdinando Sanfelice la construcción del hermoso campanario, y a un gran equipo de escultores y ebanistas la creación del rico conjunto decorativo que seguimos admirando hoy en día.

La campaña decorativa se prolongó durante casi todo el siglo XVIII. Comenzó con el rico trabajo en estuco de los maestros Benedetto Iovane y Francesco Benedetto Santullo, que desgraciadamente ya no podemos admirar debido a los accidentes que afectaron al edificio, el último y más terrible de los cuales tuvo lugar en 1954, cuando la iglesia fue inundada por un río de barro, escombros, coches y cadáveres, hasta una altura de unos dos metros. En 1712 se construyó la rica sacristía de madera, ejecutada por el napolitano Francesco Saviotto según un diseño del famoso Domenico Vinaccia. En 1716, Matteo Bottigliero y Filippo y Giovanni Ragozzino recibieron el encargo de construir el altar mayor, un trabajo que duró casi todo el siglo. En 1723, el altar estaba casi terminado, a excepción de los dos ángeles que sostienen candelabros, que se colocaron in situ en 1727. Un aspecto muy interesante de la puesta en marcha de este largo empeño fue que fue el centro de atención de toda la ciudad, a la que se invitaba muy a menudo a dar su opinión sobre opciones y dudas a las que respondían con gran interés y participación. Se prestó tanta atención al hermoso altar que, en 1751, se encargaron ornamentos sagrados y cortinas para cubrir las puertas situadas a los lados del altar, con motivos y colores a juego con los del altar.

En 1772, se consideró oportuno embellecer aún más el ábside, por lo que los rectores de la iglesia encargaron a los marmolistas napolitanos Giuseppe di Bernardo y Antonio Pelliccia la realización del gran marco de mármol que encierra la escena de la Anunciación.

En 1745, Francesco Ragozzino realizó la fachada exterior de mármol enriquecida con bajorrelieves que representan la Anunciación y las grandes hornacinas que albergaban las dos estatuas que representan la Humildad y la Virginidad, que fueron retiradas en 1918 y colocadas a ambos lados del gran cono de mármol del altar mayor.

También en el siglo XVIII se realizaron los altares del crucero.

El patrimonio de obras de arte del interior de la iglesia consta de numerosas pinturas y estatuas que abarcan el periodo comprendido entre los siglos XVIII y XX.

De especial interés es el cuadro del “Bautismo de Cristo”, situado en la primera capilla a la izquierda según se entra. El cuadro, realizado en el siglo XVIII, se atribuye a un pintor del círculo de Luca Giordano o Bardellino. En la pared de la derecha, casi enfrente del Bautismo, se encuentra el cuadro de San Ignacio de Loyola, que puede situarse entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. En la capilla de la derecha se encuentra el maniquí que representa a Santa Trofimena, procedente de la cercana iglesia del barrio de Fornelle que lleva su nombre, tal vez transportado aquí cuando la sede parroquial se trasladó a la Annunziata en 1853, quizá debido al mal estado del edificio, que permaneció cerrado durante muchos años.

La tercera capilla a la derecha alberga un cuadro de San José con el Niño, pintado por un seguidor de los pintores que hicieron del siglo XVII en Nápoles uno de los periodos más florecientes de la pintura italiana. Las demás capillas están decoradas con estatuas devocionales del siglo XIX.

En 1856, el Decurionado encargó al pintor Luigi Montesano un cuadro que representara a San Blas. El encargo menciona también el cuadro de San Francisco de Paula que Montesano habría realizado unos años antes. El encargo formaba parte de un importante proyecto de restauración que duró 14 años, durante los cuales, entre otras cosas, se rehizo el suelo, sustituyendo al realizado en el siglo XVIII por Francesco Ragozzino; tras esta obra, se adquirió también el hermoso órgano neogótico fechado en 1880.

En 1913, el pintor de Salerno Pasquale Avallone realizó los redondeles con los Profetas sobre las paredes de la nave y los Santos Pedro y Pablo, colocados a los lados del altar mayor, mientras que el padre Giuseppe Avallone realizó el Vía Crucis y el pequeño cuadro de Nuestra Señora de Pompeya.

editado por la doctora Emilia Alfinito

[Traducción de Daniela Longobardi]

Bibliografìa:

Passeggiate Salernitane 2, a cura di Emilia Alfinito, Anna De Martino, Maria Pasca, Salerno,1990, pagg.34-38

L. Avino, Marmi colorati per l’altare maggiore dell’Annunziata di Salerno (1716-1774), Bracigliano (SA), 1993

Il Centro storico di Salerno, Chiese, Conventi…., a cura di Maria Pasca, Viterbo, 2000, pagg.13-20

Salerno Sacra, Ricerche storiche, II edizione riveduta ed integrata, a cura di Vincenzo De Simone, Giuseppe Rescigno, Francesco Manzione, Donato De Mattia, Lancusi, 2001, pagg. 107-109

Chiesa della SS. Annunziata Maggiore, a cura di Maria Antonietta Iannelli, Benedetta Spadacenta, Salerno 2014